Asheville, Carolina del Norte

¿Te gustaría visitar un opulento castillo sin salir de los Estados Unidos? ¡La mansión Biltmore te espera!
 

Probablemente al mirar la foto pensaste: “La Trotamundos anda por Europa”; pero no, la casa Biltmore, la más grande de los Estados Unidos, perteneciente a lo que fue una de las familias más ricas de la nación, está ubicada en Asheville, Carolina del Norte.

Lo cierto es que cualquier época es buena para visitar la mansión Biltmore pero quise venir en la temporada navideña por dos razones especiales: su decoración festiva y su aniversario.

 

Foto cortesía Biltmore House

¿Imaginas tener que conseguir un árbol de Navidad para el frente de semejante casa? Nada fácil… Este año las noches del Biltmore se iluminan con los 45 mil bombillos que adornan un gigantesco pino Norway Spruce de 11,000 libras y 55 pies de alto. ¿Te visualizas tomándote una foto frente a este árbol navideño? ¡Mágico!

Tomó seis años a mil trabajadores construir esta impresionante mansión de más de 135,000 pies cuadrados.

"Los Tres Amigos" De izquierda a derecha: el dueño, el arquitecto y el diseñador paisajista.

Su arquitecto, Richard Morris Hunt se inspiró en tres castillos franceses y el arquitecto paisajista Frederick Law Olmsted, (diseñador del Parque Central de Nueva York) tuvo a cargo ajardinar las 125,000 hectáreas originales. Finalmente, en la Navidad de 1895, George Vanderbilt inauguró la casa de sus sueños. Por eso, en estas fechas, en la mansión Biltmore se celebra por partida doble. ¿Me acompañas?

Desde que llegas a la entrada principal, que dicho sea de paso, queda a 3 millas de la casa Biltmore, anticipas que lo que verás será monumental. El camino te da tiempo suficiente para crear toda clase de expectativas y, al final del trayecto, te das cuenta que es tanto o más, que lo que imaginaste.

La majestuosidad te espera desde la entrada y recibidor. No es para menos, estás por entrar a una casa de cuatro pisos, 250 habitaciones, 65 chimeneas, 34 alcobas y 43 baños. ¡Relax, no tendrás acceso a todas esas recamaras!

Lo primero que ves al entrar es un hermoso jardín invernal con estatua central y techo de cristal, (a mí también me recordó el refrán) donde los Vanderbilt disfrutaban de sus plantas sin importar la temporada.

Los desayunos y los almuerzos eran servidos en un elegante salón íntimo, rodeados de pinturas de grandes como Agustin Renoir. Chic, chic, chic!

Foto cortesía Biltmore House

En las noches la habitación más «hot» era el salón de banquetes, con techos de siete pisos de altura, una imponente chimenea triple y una mesa de roble con capacidad para 38 invitados. Aquí se bajaba a cenar diariamente vestido de etiqueta para disfrutar de entre siete y diez platos, frente a un gigantesco órgano. ¡Buen provecho!

Hoy día, este órgano Skinner de 1916 sigue siendo una atracción para el millón de personas que visitan la casa Biltmore cada año.

Se dice que la Casa Biltmore recibía un continuo flujo de invitados. A ese nivel social, la etiqueta dictaba vestimenta adecuada para cada ocasión, por lo que se cambiaban de ropa cuatro a seis veces al día. ¡Caray, de sólo pensarlo estoy exhausta!¡Con razón, tenían mayordomo personal!

¿Olvidé mencionarte que esta era la casa de campo de George Vanderbilt y que la mandó a construir a sus 25 años estando soltero? Claro que con tamaña “choza” la soltería le duró muy poco. Tres años después, Edith Stuyvesant le acabó la fiesta…

La mansión Biltmore contaba con toda la tecnología de vanguardia disponible hace 120 años, como electricidad, calefacción central, teléfono, elevador y refrigeración. En arroz y frijoles: estaban 25 años adelantados a sus contemporáneos.

A lo largo de los 90 pies de la galería de los tapices aprecias tapices flamencos del siglo 16. Frente al conjunto de tapices conocido como “El triunfo de la fe” se puede ver el tradicional nacimiento.

Subiendo la escalera tipo caracol de 102 peldaños ves una hermosa lámpara de hierro tipo araña. Sí, hay elevador, pero sin “araña” incluida.

¿Cómo era el dormitorio de un millonario de fines del siglo XIX? La enorme habitación de George Vanderbilt te da una buena idea: cama portuguesa del siglo 17, baño privado, vista panorámica y muebles suficientes para adornar una sala. ¡Lo siento!, imposible acomodar todo en la foto.

Los libros eran la pasión de George Vanderbilt y en la biblioteca verás parte de su colección de 23 mil libros. Murió a los 50 años, ¿habrá llegado a leerlos todos?

Desde sus ventanas puedes disfrutar de alucinantes vistas de la inmensa propiedad y de las famosas montañas «Blue Ridge».

En la llamada “ala de los solteros” pueden encontrarse el salón de billar, el de cacería y el de fumar.

En el área recreacional Vanderbilt mandó a construir unos carriles de boliche, un gimnasio con vestidores y una lujosa piscina.

Uno de los orgullos de la casa Biltmore era la piscina interior de 70,000 galones, que contaba con calentador e iluminación bajo el agua. Un lujo extremo para la época…

En el sótano puedes dar un vistazo a los dormitorio de los 30 sirvientes que trabajaban en la mansión Biltmore. Pensarás que son sencillas pero eran de lujo, comparadas con la de sus familiares en aquella época.

La planta baja era el hervidero de actividad que mantenía la casa Biltmore funcionando como un reloj. Aquí verás lo que era la lavandería, el salón de secado y la despensa con todo y su gigantesco refrigerador.

¿Te imaginas cómo era alimentar a los invitados de semejante mansión? En el recorrido atraviesas las tres cocinas de la residencia. Esta era la principal, las otras eran para macerar las carnes y elaborar los postres.

Afuera, los jardines y terrenos de la casa Biltmore son una atracción por si mismos. Puedes pasear por su jardín italiano, jardín de rosas, jardín amurallado, su conservatorio o perderte entre su bien conservada foresta.

Te confieso que hay mucho más que ver en la casa Biltmore de lo que muestro aquí, pero de incluirlo, el blog hubiera sido interminable. Así que cuando vengas tendrás vaaaaarias sorpresas!

Sea durante las fiestas navideñas o en cualquier época del año, visitar la casa Biltmore es un viaje a un pasado extraordinario al que sólo algunos privilegiados tenían acceso, pero que ahora todos podemos disfrutar. Una experiencia inolvidable que debes incluir en tu lista de viajes para el año entrante o, si eres intensa(o) como yo, ¡para ahora mismo!

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    Los boletos de entrada ($65.00 adultos, $32.00 adolescentes y menores gratis) incluyen la visita autoguiada a la residencia, los jardines, la Villa Antler y una cata de vinos en las bodegas de la finca Biltmore.
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    Descansa la noche anterior y desayuna fuerte. Necesitarás mucha energía para recorrer esta gigantesca propiedad.
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    Llega bien temprano. Aunque un “shuttle” te transporta entre las diferentes áreas (jardines, la villa y bodega) por su tamaño, toma tiempo moverse de un lugar a otro.
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    Si quieres algo más que la visita auto-guiada incluida, tienes opciones adicionales: desde una audioguía en tu idioma que puedes alquilar por $11.00, hasta varios tours en grupo o privados con costo adicional.

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